“Sin instituciones no hay despegue”. Ese concepto de Tiburcio López Guzmán, que ayer falleció en Tucumán a los 82 años, tituló la última entrevista que LA GACETA le realizó un año, en diciembre de 2020.
Se definió a sí mismo como un hombre que se había consagrado “a unir el pensamiento con la acción”, vocación -advirtió- que resultó imperdonable para los que sólo se dedicaban a lo uno o a lo otro. A cambio, vivió muchas vidas, supo decir. Y explicar.
La abogacía atraviesa su familia de origen (su padre, Tiburcio López Mariño, fue juez) y la que él forjó: su esposa, María Victoria Herrera, fue magistrada. Y él fue abogado. Pero también periodista: en LA GACETA, en Noticias y en Primera Plana, de la mano de Tomás Eloy Martínez.
Desde joven, además, fue político. “Presidí la Liga de Estudiantes Humanistas, en los tiempos de la Guerra Fría y gané en todas las facultades”, rememoró.
Fuera de los claustros fue legislador y también secretario de Integración Regional y Política exterior durante la gobernación de Julio Miranda (1999-2003). “Salvo de la gestión de Antonio Domingo Bussi (1995-1999), he participado en distintos niveles de todos los gobiernos. Hasta el de José Alperovich, pero brevemente: no le gustaban mis proyectos de reestructuración del Estado, así que me fui”, resumió.
Desde mediados del siglo XX se dedicó, además, ha forjar partidos políticos. En los 60 fue, junto con Carlos Alfredo Imbaud (falleció la semana pasada en Buenos Aires) fue cofundador del Partido Demócrata Cristiano en Tucumán. Y a principios de la década de 1970 asumió la presidencia de esa fuerza, que condujo hasta 1985. Luego fundó el Movimiento Popular Tucumano, hoy fusionado con Cambio 2000.
Su mirada sobre la realidad de Tucumán no era pesimista. “Tucumán tiene un fantástico capital humano y los gobiernos no lo aprovechan. No todas las provincias tienen ese potencial”, describibó durante la última entrevista con este diario.
De la misma manera, su análisis crítico no tenía concesiones.- La situación institucional no ayuda al despegue de la Provincia. Tucumán tiene problemas de fondo que no han sido atacados. Uno de los más trascendentes es el desequilibrio socio-económico: cuanto menos la mitad de la población es pobre. No habrá arreglo institucional posible así. Por un lado, toda vida sana permite bajar la litigiosidad permanente en una sociedad. Y en la nuestra, mucha gente está enojada. Por el otro, la relación entre pobreza e institucionalidad va más allá del voto. Hay mucha gente que vota, simplemente, por resignación. Finalmente, la pandemia. La covid-19 trajo la cuarentena y la cuarentena se aplicó mal. El COE funciona como si fuese institucionalmente más que la Legislatura. Y la Legislatura es un apéndice del Poder Ejecutivo. El resultado final es que el ciudadano no tiene dónde refugiarse”, fue su diagnóstico final.